Mientras distribuía libros en el paseo de Santa Mónica, en el sur de California, saludé a un hombre de mediana edad que se acercó a la mesa. Mientras le enseñaba el Bhagavad-gita, me contó que se había tomado el día libre en su trabajo y había venido desde Sacramento para visitar la ciudad y obtener alguna orientación espiritual.

—Bueno, por eso estoy aquí: para que nos encontremos. Nada ocurre por accidente —le respondí.

Él es un hombre de negocios exitoso que ha visto y ha tenido todo lo que siempre ha querido, pero se sentía infeliz. Le dije que la felicidad se encuentra dentro de nosotros; se trata de un trabajo interno, no externo. Conversamos durante diez minutos.

—¿Te parece bien si me llevo el libro al Starbucks y lo leo durante diez minutos? Así podré decidir si me lo quedo o no. ¿Confías en mi? —me preguntó.

—Sí, pero lee a partir de aquí —respondí, indicándole los versos 20-23 del capítulo 6.

Generalmente no hago este tipo de cosas. No dejo que las personas se lleven un libro para leerlo durante un rato y decidir si se lo quedan o no, porque muy a menudo no regresan. Tal como me dijo una vez un devoto sobre este tipo de personas, «son ladrones afortunados».

Pero este señor parecía sincero, así que le permití llevarse el libro. Pasaron diez minutos, pasaron quince minutos, pasó media hora. Comencé a pensar, «Tal vez he sido víctima de un engaño y se ha llevado el libro».

Cinco minutos después, el señor apareció. Para mi sorpresa, dijo:

—Esta media hora leyendo la sección que me has recomendado ha cambiado mi perspectiva de vida.

Dio una generosa donación por el libro y me preguntó si era suficiente. En mis cuarenta años distribuyendo libros, esta fue la primera vez que alguien dio una donación tan grande y preguntó si era suficiente. Hay gente que sabe apreciar el valor de nuestros libros. Le di unos libros más y mi correo electrónico. Me dijo que mantendría el contacto conmigo. Conversé con él durante unos 45 minutos, algo que tampoco suelo hacer, pero era una persona muy agradable e hizo muchas preguntas.

Queridos devotos, hay muchas personas buscando ayuda espiritual, y tenemos que ir a su encuentro, y por la gracia de Krishna las encontraremos.

 

Su servidor,

Vijaya Dasa
Estados Unidos

Categorías: Historias

1 comentario

José Rivera · septiembre 5, 2018 a las 2:41 pm

En lo maravilloso que es el Sankirtan 😀

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