Nosotros ofrecemos los libros al público, sin saber dónde irán a parar. Es bueno ver como echan raíces y crecen.

Recientemente visité a Matthew en Lynchburg, Virginia. Fue la primera vez que lo veía desde nuestro breve encuentro en un festival de música, nueve años atrás.

Él me enseñó el Bhagavad-gita con orgullo:

―Este es el libro que tú me vendiste. Lo he leído entero. Tardé un año.

El libro estaba lleno de marcas coloridas que destacaban los puntos que le gustaban. Prácticamente cada página tenía marcas.

―Este libro ha traído grandes cambios en mi vida.

Su esposa se mostró de acuerdo. No pude preguntar los detalles. Matthew se desabrochó la camisa.

―Me he hecho un tatuaje de NARA SIMGHA sobre el pecho. Él sostiene ciertos elementos en sus manos que significan cosas para mí. Por ejemplo, tiene algunas herramientas para el tejado.

Matthew trabaja arreglando tejados.

Me impresionó que un libro hubiera impactado tanto en su vida. No había visto otros devotos en los últimos nueve años. Su única conexión fue este libro.

Pasé la noche en su casa y leímos con Matthew, sus dos hermanos y un amigo. Leímos y debatimos hasta muy entrada la noche, mientras bebían cervezas y salían afuera de vez en cuando para fumarse un cigarrillo. Yo no comenté nada acerca de la cerveza y el tabaco. Los libros de Srila Prabhupada se encargan del trabajo pesado en cuanto a cambiar los hábitos.

No querían parar de leer y dialogar. Les dejé con un montón de libros nuevos y prometí que volvería a visitarles. Dejaremos que los libros hagan su magia.

Mitrasena Dasa
(Estados Unidos)

Categorías: Historias

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