Estaba distribuyendo libros en Balboa Park. Era un día lento, y estaba orándole a Krishna que me ayudara a recordar por qué me gusta hacer este servicio. Poco tiempo después, dos monjas se acercaron a mi mesa (las que tienen libros de Srila Prabhupada en la foto). 

Yo les dije, «Ustedes son monjas, yo soy un monje. ¡Somos prácticamente parientes!»

Les expliqué que nuestros libros tratan sobre karma, Dios y la reencarnación; ellas respondieron a mis respuestas con preguntas aún más profundas. En seguida, se acercaron siete monjas más, y detrás de ellas siete más, y luego siete más. Habría unas veinte monjas reunidas en la mesa. No todas mostraban interés, pero las que salen en la foto se quedaron para escucharme y saber lo que había en nuestros libros.

La monja de en medio parecía muy humilde, y lo comenté con las demás:

—Debe ser la Madre Superiora.

—Sí, es ella. ¿Cómo lo has sabido?

—Su humildad es un síntoma de conexión con Dios.

—Sí, ella es muy humilde.

Ella no hablaba inglés, y cuando le tradujeron lo que yo había acabado de decir, negó mis elogios. A continuación, me preguntó:

—¿Has sido cristiano alguna vez?

—No, pero practico la enseñanza de que, sin importar qué tradición sigas, tu éxito se mide en cuánto has desarrollado tu amor por Dios. Y cuando experimentamos ese amor nos volvemos más compasivos. 

Ella respondió asintiendo con su cabeza. Las dos monjas sujetando libros dieron una donación y quedaron felices de poder aprender más. Me quedé pensando en lo que quería decir Srila Prabhupada con «naciones unidas». Dejar practicar a las personas lo que ya están practicando, y enseñarles el Bhagavad-gita y a cantar Hare Krishna.

Su servidor,

Devavrata Dasa
Estados Unidos

Categorías: Historias

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