Cada año, en Eslovenia, llevamos a cabo la Eko Karavana, o Padayatra. Durante la procesión, también distribuimos libros.

Pronto vi una carnicería, y pensé: «Uf… ¡vamos allá!» Comencé a orar por la misericordia del Señor Nityananda, porque realmente la iba a necesitar en tales circunstancias. El aroma de esos lugares es totalmente opuesto al del incienso. Tolerando la situación, esperé a que saliera el dueño, que me dijo: «Hola. ¿Qué necesitas?»

Le di un panfleto sobre el Padayatra y, un poco después, le ofrecí Preguntas perfectas, respuestas perfectas. Se mostró interesado. Intercambiamos unas palabras acerca del Padayatra y entonces le pedí una donación a cambio del libro. 

—No damos donaciones —respondió—. Seguimos la vieja escuela del trueque.

Quiso darme un salami a cambio del libro, pero le pregunté:

—¿No tienes algo como harina o azúcar?

Me dio 2 kilos de harina y 2 kilos de azúcar. Cuando terminamos el intercambio, me acordé de la historia de Krishna y la vendedora de frutas. Se la conté al carnicero, y él escuchó emocionado. ¡Le encantó!

A continuación, se quedó con un ejemplar de El libro de Krishna que contenía esa historia. El carnicero Robert se veía cambiado. Su corazón se había ablandado. Estaba escuchando historias de Krishna y sobre la misión del Padayatra, y al final nos deseó éxito en nuestro trabajo misionero. Este encuentro cambió mi forma de ver las cosas. 

Su servidor,

Bhakta Denis
Eslovenia

Categorías: Historias

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