Durante el festival de sankirtanacongregacional de marzo, en Nueva Zelandia, Krishnaloka y yo no tuvimos tiempo de salir a distribuir libros. Teníamos unos proyectos sin terminar.  

No obstante, Chaitanya Vihara dio una clase muy inspiradora. Él hizo hincapié en que no deberíamos perder la motivación por distribuir libros solo porque no seamos capaces de dedicar muchas horas al día. Una hora intensiva, o media hora, es altamente beneficioso. ¡Incluso diez minutos, si disponemos de poco tiempo!

Él sugirió que, si llevamos un libro con nosotros cuando vamos de un lugar a otro, siempre tendremos la oportunidad de distribuir un libro, incluso si solo somos capaces de parar a una o dos personas.

Teniendo esto presente, Krishnaloka tomó un Gita y un libro pequeño, y me entregó otro. Cuando salimos a la calle para ir al Bhakti Lounge a comer, cambiamos nuestro enfoque: en vez de pensar solamente en llegar a nuestro destino, aprovechamos para ofrecer libros en el camino.

Yo intenté detener a un grupo de chicas, que comenzaron a reírse y se alejaron. Krishnaloka se acercó a un joven que las seguía rezagado, y este aceptó un libro pequeño. Después de intentar parar a un señor mayor, me acerqué a dos señoras de mediana edad, que aceptaron con entusiasmo un libro pequeño. Si hubiera traído dos libros en vez de uno, se habrían llevado ambos.

Tan solo por tener libros a mano, y por habernos acercado a un par de personas en nuestro camino al almuerzo, distribuimos dos libros. Es posible distribuir libros en cualquier momento y lugar, solo tenemos que tener la conciencia y la intención de intentarlo.

 

Su servidora,

Lavanya Keli Devi Dasi
Nueva Zelanda

Categorías: Historias

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